Paula Blanco
12.12.13
1789
Aún me asusto cada vez que oigo el cerrar de una puerta. Me encojo de hombros y me pregunto dónde se esconde esa llave que abre el alma. Es por ello que mi vida baja por un pozo cada vez más profundo e intrigante, mientras observo cómo rellenas el vacío que el otoño del pasado dejó. Y es que a pesar de los días y de las horas, el tiempo no cambia. Lo único que avanza es ese sentimiento y fanatismo por lograr ser aquello que nos prohíben, como si la Revolución Francesa estallase en nuestro interior provocando diminutas guerras y batallas que niegan la existencia de un fin que no sea amargo. Las armas se interponen en ambos bandos deseando ser las creadoras inocentes de una destrucción masiva de ideas. Pero Mademoiselle, debe saber que una vez que Francia o cualquier otro país de su mundo intelectual se bañe de rojo, dejará de ver las ciudades en blanco y negro. También me asusto cada vez que la abren, la puerta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)





No hay comentarios:
Publicar un comentario